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Don Pelayo

abril 4, 2007

Don Pelayo fue un caudillo astur, y el primer rey de Asturias, como nos narra la crónica Albeldense (Primum in Asturias Pelagius rg. in Canicas an. XVIIII) en el siglo VIII (muerto en 737) que se opuso al poder musulmán y llegó a fundar el Reino de Asturias. Se desconoce su lugar de nacimiento, pues diversas fuentes le atribuyen un origen gallego, asturiano, cántabro, cordobés o incluso británico, todas ellas con notable intención de justificación política.

La leyenda

Según la leyenda, Pelayo era un noble visigodo, hijo del duque Favila y nieto del rey Recesvinto al que habría servido como spatarius. Debido a las intrigas entre la nobleza visigoda, el rey Witiza conspiró para asesinar a su padre. Pelayo huyó a Asturias, donde tenía amigos o familia y, posteriormente, al sentirse inseguro en la Península, marchó como peregrino a Jerusalén. Allí permaneció hasta la muerte de Witiza y entronamiento de Rodrigo, del que era partidario. Con éste ocupó el cargo de conde de espatarios o de la guardia del rey y como tal combatió en la batalla de Guadalete en abril o mayo del año 711.

Tras la batalla se refugió en Toledo y, a la caída de la ciudad (714), mientras otros escapaban a Francia, él volvió a Asturias, supuestamente custodiando el tesoro del rey visigodo.

Las primeras incursiones árabes en el norte fueron las de Muza entre los años 712 y 714. Entró en Asturias por el puerto de Tarna, remontó el Nalón y tomó Lucus Asturum (Santa María de Lugo de Llanera) y luego Gijón, donde dejó a cargo al gobernador Mnuza. Las familias dominantes del resto de las ciudades asturianas capitularon y probablemente también la familia de Pelayo.

En el 718 tuvo lugar una primera revuelta encabezada por Pelayo (al parecer porque Mnuza se había casado por la fuerza con su hermana Adosinda), que fracasó. Pelayo fue detenido y enviado a Córdoba. Sin embargo, consiguió escapar y volver a Asturias, donde encabezó una segunda sublevación y se refugió en las montañas.

Munuza envió a un general, Al Qama, a someter a los sublevados. Al Qama se dirigió hacia Bres (Piloña), donde se encontraba Pelayo. Éste se dirigió huyendo hasta el monte Auseva, en el valle de Cangas y allí, en la Batalla de Covadonga, aniquiló al destacamento de Al Qama.

Los hechos

La moderna historiografía

La moderna historiografía centra los inicios de la Reconquista en la antigua provincia Asturiensis, [1] cuya existencia nos consta por esta serie de datos históricos:

-San Valerio del Bierzo escribió su vida autobiográfica en la segunda mitad del siglo VII, el Ordo querimonie, y dice que era originario de la provincia Asturiensis lugar de espesísimas malezas, ásperas y fragosas

-El Cosmógrafo de Rávena, anónimo del siglo VII, señala Asturia como una de las ocho (antes sólo eran seis) provincias de Hispania

-Las Actas del XIII concilio de Toledo registran la presencia de ocho Duces Provinciae, dos más que otras épocas.

– La crónica Alfonso III, en su versión Rotense, dice que los árabes colocaron gobernadores al frente de todas las provincias: Per omnes prouincias Spanie prefectos posuerunt Munuza fué el prepósito puesto al frente de la Asturiensis.

La existencia de este ducado es aceptada desde hace ya tiempo por los historiadores del reino visigodo, [2], la novedad ahora es que Pelayo podría ser hijo del Dux Asturiensis, Faffila: La Crónica Albeldense, crónica redactada en Oviedo en tiempos del rey astur Alfonso III el Magno, dice que el Dux Faffila – o Favila – era el padre de Pelayo y que fué muerto a manos de Witiza en tiempos del rey godo Égica.

Ciertamente de esta forma se explican muy satisfactoriamente muchos particulares acerca del origen del reino de Asturias y acerca del propio Pelayo.

Sabemos que los duques eran en los últimos tiempos del reino visigodo cabezas de redes de dependencias protofeudales en sus ducados [2] Así se explica por qué Pelayo buscó refugio en Asturias, entre la clientela de su padre, cuando Vitiza, el asesino de Faffila empuña el cetro real.

Recordemos que la crónica Albeldense consigna que Pelayo buscó refugio en Asturias, huyendo de Vitiza, no de los musulmanes: Pelayo reinó el primero en Asturias, en Cangas, dieciocho años. Este, como arriba dijimos, expulsado por el rey Vitiza de Toledo entró en Asturias

También se entienden las propiedades fundiarias de Pelayo en Tiñana, que constan en el testamento de Alfonso III, asi como la del lugar en Brece donde se hallaba cuando los enviados de Munuza tratan de apresarlo(Crónica Rotense). Se comprende mejor también el hecho de que Munuza deseara a la hermana de Pelayo como esposa (Crónica Rotense): De esa forma entroncaría con la descendencia de la última autoridad legítima en Asturias, la del Dux Faffila.

La misma existencia de una Provincia Asturiense reduce considerablemente las posibilidades para el posible ducado de Favila : No podría ser el de Gallaecia ni tampoco el de Cantabria porque Pelayo hubiera buscado refugio en aquellas tierras y no entre los astures, con los clientes de su padre , astures que no son otros que los habitantes de la Asturiensis.

Así, de acuerdo a estos autores la resistencia de Pelayo sería la de un antiguo nucleo del reino de Toledo: el levantamiento y la la resistencia finalmente triunfante de una de sus provincias contra el poder musulmán. Es preciso matizar un poco esta visión, pues estas provincias, en manos de sus duques, experimentaban una tendencia centrífuga, protofeudal, en los últimos tiempos de la monarquía visigoda, y de no haber existido la invasión musulmana, se habría consumado seguramente la disgregación del reino:

De esta forma el camino hacia la disgregación del centralizado reino toledano en auténticos Principados territoriales feudales parecía ya completamente abierto a principios del siglo VIII. Tan sólo el accidente de la invasión del 711 sería capaz de impedirlo, aunque sólo momentáneamente si bien se mira.

[2]

La propuesta de Pelayo hijo del Dux Asturiensis Faffila fué hecha, antes que estos historiadores, por E. Benito Ruano, hoy miembro de la Academia de la Historia. [3]

  1. Arcadio del Castillo Alvarez, Julia Montenegro Valentín Don Pelayo y los orígenes de la Reconquista Revista española de historia, ISSN 0018-2141, Vol. 52, Nº 180, 1992, pags. 5-32
  2. a b c Luis A. García Moreno Historia de la España Visigoda, Madrid 1989
  1. (Benito Ruano, E: Historia de Asturias, vol IV, Salinas, 1979).

El origen astur de Pelayo

Las crónicas Albeldense y Rotense de la etapa final del Reino de Asturias (siglo IX) atribuyen un origen godo a Pelayo, aunque este dato ha sido cuestionado por algunos historiadores, especialmente a partir de la publicación de los trabajos de Abilio Barbero y Marcelo Vigil al respecto: Resultaría paradójico que los astures, que se habían rebelado contra el dominio godo en tiempos del rey Wamba, aceptasen como caudillo en la nueva lucha contra los musulmanes a un aristócrata enemigo, perteneciente a un pueblo que tan sólo veinte años antes había sojuzgado a Asturias[4]. Por otro lado, ni siquiera las regiones más romanizadas, como la Bética y la Tarraconense, opusieron una seria resistencia al colapso del reino visigótico, y la mayor parte de la aristocracia visigótica, representada por condes como Teodomiro o Casio, aceptó el nuevo dominio omeya a cambio de conservar su estatus. Incluso la viuda de Rodrigo, Egilona, casó con uno de los jefes de los conquistadores, Abd al-Aziz, primer valí de Al Ándalus.

Las primitivas crónicas asturianas, como la Albeldense, no incluyen la genealogía de Pelayo, aunque sí lo declaran hijo del duque Faffila de ascendencia goda, por tanto. Los primeros documentos que trazan un supuesto árbol genealógico de Pelayo que lo haría descendiente de Chindasvinto (como la Estoria General de España escrita por el rey Alfonso X el Sabio) son cinco siglos posteriores a los hechos. En este sentido, la ideología neogoticista que impregnó los reinados de Alfonso II y Alfonso III de Asturias hizo desvirtuar progresivamente los orígenes del reino de Asturias: Se pretendía entroncar los orígenes del reino de Asturias (que originariamente era un movimiento de resistencia de los astures frente a los nuevos invasores) con el estado visigótico, para de esta manera legitimar las aspiraciones imperiales de los reyes de León y de Castilla.

De hecho, el antropónimo Pelayo no es germánico (como lo son todos los nombres de los reyes visigodos), sino que deriva del griego πελάγιος (marino), lo que apuntaría a un origen hispanorromano del personaje. Por lo demás, dicho nombre de pila era usado con profusión por los habitantes del Noroeste de España, algo que guarda cierta analogía con lo que sucedía en la isla de Britania, donde el latín Pelagius era a menudo un trasunto del galés Morgan, que significaba nacido del mar. Basándose en este dato, algunos autores, como Ignacio Gracia Noriega, han lanzado una interesante hipótesis que supone que el antropónimo Pelayo fue introducido en Asturias por aquellos celtas británicos que, habiendo inmigrado por mar desde su patria en los siglos V y VI, se establecieron (según indica el Parroquial Suevo) en Britonia, la región del Monasterio Máximo y el territorio de los astures. En esta línea se sugiere incluso la posibilidad de que el propio Pelayo fuera de ascendencia británica [5].

En cualquier caso, lo cierto es que las informaciones proporcionadas tanto por las crónicas cristianas como por las islámicas nos lo presentan como un personaje estrechamente vinculado a Asturias y que poseía propiedades fundiarias en la región. De este modo, el testamento del rey Alfonso III (recopilado por el padre Flórez en su España Sagrada) menciona que Pelayo tenía tierras en Tiñana (Siero), no muy lejos de Lucus Asturum, una de las ciudades más importantes de la Asturias romana y prerromana. Por su parte, la crónica Rotense señala que, tras su huída de Córdoba, Pelayo se refugió en Bres (Piloña) en pleno corazón del territorio de los luggones argandenos y cerca de su capital, Paelontium (Belonciu).

Así mismo, tanto Al Maqqari [6] como Ibn Jaldún[7], atribuían orígenes asturianos a Pelayo, y el primero de ellos, al describir los sucesos de Covadonga, califica al personaje de asno salvaje, una denominación muy poco apropiada para un pretendido miembro de la aristocracia goda y que hace pensar más bien en un caudillo procedente de las montañas y alejado de los refinados centros de cultura romanovisigóticos. Los relatos de otros cronistas musulmanes como Iban Al-Akir [8] o Al-Nuwairi [9] hacen referencia a un lugar denominado la roca de Pelayo, conquistado por Muza en su campaña de los años 712-714, y que los historiadores identifican con el cerro de Santa Catalina, donde se asentaba la primitiva ciudad de Gijón. El hecho de que el topónimo portase el nombre de Pelayo sugiere que este personaje era por aquel entonces el gobernante local de la villa. En tal caso, el matrimonio de Munuza con su hermana Adosinda habría tenido como objetivo reforzar el pacto entre la aristocracia astur y los nuevos dominadores árabe-bereberes. Cabe señalar en este punto que el rey Silo (nacido en el seno de una familia de la aristocracia pésica de la región de Flavionavia) era de madre musulmana y gracias a esta relación de parentesco pudo concertar la paz con Al Ándalus.

Por último no puede dejar de resaltarse el hecho de que la transmisión del poder en el seno de la Monarquía Asturiana se llevaba a cabo siguiendo reglas de origen indígena, residuos de una anterior estructura matriarcal: Así, la mujer a menudo transmitía derechos hereditarios al marido, como sucede en los casos de los reyes Alfonso I y Silo ,que acceden al poder gracias a sus esposas Ermesinda y Adosinda, ambas de la familia de Pelayo. Sólo en época posterior, a partir de Ramiro I, se impone definitivamente la sucesión por línea patrilineal.

Revuelta indígena y reconquista de Gijón

Tras la llegada en el año 714 de la expedición de Muza a Asturias, el jefe bereber Mnuza fue dejado al frente de una pequeña guarnición musulmana en Gijón. Las familias más importantes de la aristocracia astur, entre ellas la de Pelayo, enviaron rehenes a Córdoba para garantizar la capitulación. Sin embargo, en tiempos del valí Al Hurr (717-718) Pelayo retornó a las montañas de Asturias donde fue elegido princeps o líder de los Astures [10]. Tras unos años de mutuo hostigamiento, durante el gobierno de Anbasa (722) Munuza envió un destacamento de tropas al refugio de Pelayo en Piloña. El líder astur huyó a toda prisa, vadeó el río Sella y alcanzó el Monte Auseva. Allí, en lo que se conocería como Batalla de Covadonga, tendió una emboscada al destacamento musulmán, que fue aniquilado.

Don Pelayo en el escudo de Gijón

Don Pelayo en el escudo de Gijón

Cuentan las crónicas que, tras la derrota de Covadonga, Munuza salió huyendo con sus fuerzas, probablemente por temor a que la gente de Gijón se uniera a la revuelta. El caso es que Pelayo se apoderó de Gijón sin apenas esfuerzo. Al divulgarse por tierras musulmanas la noticia de la toma de Gijón, muchos cristianos se unieron al ejército de Pelayo. Esto desalentó a los musulmanes de intentar retomar Gijón y la zona que esta ciudad controlaba. Tras abandonar la ciudad, Munuza intentó salir de Asturias por el puerto de la Mesa, siendo derrotado y muerto en Olalíes, actual concejo de Santo Adriano.

Primitiva extensión territorial del Reino

Sin embargo, el triunfo de la revuelta no llevó a Pelayo a establecer su corte en Gijón, que era la ciudad más importante de la Asturias bajoimperial, sino que se asentó en Cangas de Onís, situada en las estribaciones de los Picos de Europa: Lo inseguro de su situación hacía aconsejable refugiarse en un territorio montañoso que fuera poco accesible para las aceifas musulmanas. Pero una vez que décadas más tarde se consolidara el Reino, la sede regia fue trasladada sucesivamente a Oviedo, San Martín del Rey Aurelio, Pravia y de nuevo Oviedo.

En principio parece que el reino de Pelayo se extendía por la llamada Asturias nuclear, que comprendía todo el territorio situado entre los ríos Eo y Miera[11]. Fueron sucesores suyos, como Alfonso I o Fruela I, los que, fagocitando entidades políticas menores (como los condados de Trasmiera o Sopuerta), extendieron los dominios del Reino hasta Galicia y Vizcaya.

Muerte de Pelayo

Falleció en Cangas de Onís, donde tenía su corte, en 737. Fue sepultado en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia en las inmediaciones de Corao, próxima a Covadonga, que él había fundado. Esta iglesia como la capilla de la Santa Cruz en Cangas de Onís y la de Sames en el concejo de Amieva fueron construidas en un campo donde existía un dolmen que fue respetado. Posteriormente sus restos fueron trasladados por Alfonso X el Sabio al Santuario de Covadonga.

Véase también

Info wikipedia:

Don Pelayo 

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