h1

Mata Hari

abril 3, 2007

Margaretha Geertruida Zelle (Leeuwarden, Países Bajos, 7 de agosto de 187615 de octubre de 1917), fue una famosa bailarina exótica y espía de la I Guerra Mundial.

Biografía

Su padre era un sombrerero y su madre, de ascendencia javanesa (los Países Bajos tenían Java como posesión colonial), tuvo dos hijos y uno de ellos murió envenenado. Al morir la madre joven, su padre suplió la ausencia materna con excesivos cuidados hacia una joven que destacó por su belleza desde muy temprano, y que llegó a recibir proposiciones incluso de su profesor de bachillerato.

Se casó a los 18 años, tras mantener una breve correspondencia con un militar que no conocía, mucho mayor que ella y que había puesto un anuncio en un periódico. Desde niña, los uniformes militares habían suscitado en ella una especial atracción. Tuvo dos hijos, siendo el varón envenenado presuntamente en venganza por el trato dado por su marido a un sirviente nativo; una cuestión acaecida en su estancia de casada en Java, donde había sido destinado su cónyuge. La muerte del hijo supuso un duro golpe para la familia, que no fue capaz de superarlo. El marido buscó amparo en la bebida y empezó a frecuentar poco el hogar. Se dice que esta soledad llevó a Mata Hari a sus primeros contactos con la cultura javanesa y con las técnicas amatorias orientales, que le proporcionarían años más tarde fama como una cortesana que llegaba a cobrar por velada 1000 francos de la época (unos 600 euros en la actualidad).

Bailarina exótica

De vuelta a Europa, tras separase y perder en Holanda el juicio sobre la custodia de su hija debido a su libertina vida en la isla, según declaró su marido, realizó más tarde algunos intentos fallidos en París como modelo de modistas, fracasos que supusieron un auténtico trauma en su vida por carecer de recursos económicos para vivir.

Más tarde volvió a París de nuevo, armada de valor y amparada en la similitud de sus rasgos con la sensación de orientalidad heredada de su madre, y más propia de la literatura romántica de evasión de finales del siglo XIX. Unos relatos que despertaban en la sociedad occidental una imagen difusa y añorada de lo oriental. Aprovechando estas circunstancias, se hizo pasar por una supuesta princesa de Java ejerciendo de bailarina exótica, protagonizando espectáculos de danza donde alcanzaba la desnudez progresivamente, pero nunca de su parte superior. Según ella, su marido le había arrancado un pezón en un acto de ira.

La mentira e imaginación, como salida obligada para superar su penosa situación económica, empezó a dar sus frutos y a la vista de sus ventajosas consecuencias, pasó a convertirse en algo habitual. París fue un revuelo con auténticas pugnas por conseguir primeras filas en sus espectáculos de danza. También fue cortesana y tuvo romances secretos con numerosos funcionarios militares e incluso políticos de alto nivel. Este tipo de relaciones, así como los contactos que tuvo entre lo más florido de la alta sociedad, una vez comenzada la Primera Guerra Mundial, resultaría ser el origen que le llevaría más tarde hacia su propio final.

Su fama como bailarina crecía, pero el paso del tiempo, no perdonaba a una Mata Hari que había llegado a París con cierta edad. Al perder sus encantos físicos, que hoy en día no resultarían demasiado sobresalientes para nuestros gustos, empezó a ejercer con más asiduidad de cortesana, amparada por el mito que había creado, y de esta forma, seguir llevando un nivel de vida similar al que ya sumaba más de diez años.

En aquellos tiempos, intentó recuperar a su hija que vivía con su padre pero resultó imposible. Mandó a su ama de llaves, que volvió con las manos vacías tras varias horas de espera a la puerta del colegio donde estudiaba. Aquel día su padre fue a recogerla. Aquella niña murió en los Países Bajos de un ataque al corazón años más tarde de la muerte de su madre, curiosamente días antes de un viaje a Java en el que había puesto muchas esperanzas.

Espía

En 1917, siete meses antes del final de la “Gran Guerra”, fue sometida a juicio en Francia acusada de espionaje, de ser una agente doble para Alemania y Francia a la vez de causar la muerte de miles de soldados. Se le encontró culpable sin pruebas concluyentes y basadas en hipótesis no probadas que hoy no se sostendrían en un juicio moderno, de hecho, una asociación de su ciudad natal pidió hace tres años al Ministerio de Justicia francés y con toda la formalidad jurídica, una revisión póstuma del caso. Todavía no se ha pronunciado.

Fue ejecutada por el pelotón de fusilamiento el 15 de octubre de 1917. La leyenda sostiene que la escuadra tuvo que ser vendada para no sucumbir a sus encantos, sin embargo, son probados los hechos de que lanzó un beso de despedida a sus ejecutores y que, de los 12 soldados que constituyeron el pelotón de fusilamiento, sólo acertaron curiosamente 4 disparos, uno de ellos en el corazón que le causó la muerte instantánea. El oficial a cargo, como así se disponía en estos casos, ultimó el acto innecesariamente con un disparo de gracia en la sien. La noticia recorrió el mundo. Hay incluso narración periodística que detalla este dramático momento describiendo la expresión de su rostro, forma de caída y disposición final del cuerpo en el suelo. Una fotografía perteneciente a una película fechada en 1920 muestra la escena, con absoluto realismo, de los momentos previos a su ejecución, justo enfrente del pelotón de fusilamiento, cuando el oficial está leyendo los cargos.

Su cuerpo, que no fue enterrado, se empleó para el aprendizaje de anatomía de los estudiantes de medicina, como era precepto para los considerados criminales y ajusticiados en aquella época. Su cabeza embalsamada, que tenía el pelo teñido de rojo, como atestiguan quienes la vieron, permaneció en el Museo de Criminales de Francia hasta que en 1958, desapareció seguramente robada por un admirador.

Polémica sobre su condena

“¿Una ramera?, ¡Sí!, pero una traidora, ¡Jamás!” es una frase que se le atribuye a Mata Hari durante un juicio que se transformó en sumarísimo con carga moral.

El joven oficial ruso de 23 años del que estaba enamorada, y por el que aceptó el encargo de espiar para Francia al embajador alemán en Madrid por un millón de francos de la época (el joven fue herido en combate en un ojo y necesitaba cuidados), habló de ella en términos de “mujer aventurera” una vez que supo de su encarcelamiento. Margaretha acudió a las autoridades francesas, para conseguir un visado especial para el tránsito por el territorio en guerra que era necesario para acudir donde estaba ingresado. Ese momento había sido aprovechado para proponerle trabajar para el gobierno de la República en asuntos tan delicados.

Este desprecio de “por quien hubiera cruzado el fuego” según Mata Hari, entre otros sinsabores, como el envenenamiento de su pequeño, la ausencia de su hija y una dura vida sin apenas ingresos que llevó con su tía antes de lograr la fama en París, ayudaron a Margaretha en la consecución de la siempre difícil entereza o quizás resignación, de aceptar su propia muerte con peculiar valentía ante lo inevitable. No obstante, hasta pocas horas antes del fusilamiento, tuvo la esperanza de que el presidente de la República le concediera el indulto. Cuando le fue denegado y se procedió acto seguido al fusilamiento, todavía no podía creer lo que iba a suceder aquel amanecer del 15 de octubre, con la mente todavía ausente por los relajantes que solía tomar para conciliar el sueño. Sin embargo, con la ayuda seguramente de las numerosas charlas que había sostenido previamente con la religiosa que le asistió cierto tiempo, y la aceptación progresiva de que podría suceder lo peor, hicieron que sus últimos actos fueran acordes al mito que representaba para sus contemporáneos. En momentos como esos, no es posible fingir una artificial rectitud o valentía. Margaretha Geertruida Zelle, siempre proclamó insistentemente su inocencia, hasta el último instante.

Hoy por hoy, la tesis más extendida sobre el caso Mata Hari es que, aunque reveló algunos datos sobre ciertos movimientos alemanes sin importancia, como el desembarco nocturno de algunos oficiales del Kaiser en Marruecos, y la insustancial comunicación al enemigo de movimientos de tropas francesas tomadas de la prensa de París, estos fueron siempre irrelevantes debido a la nula preparación de Mata Hari como espía, aunque llegó a ser acusada por Francia de haber sido entrenada en Holanda en una escuela para tal fin. Mata Hari era más bien una cortesana en aquellos momentos, que aceptó encargos de esta índole con tal de poder seguir con su alto ritmo de vida y asistir, en territorio de guerra, a su joven amado herido en combate. Quienes han estudiado este personaje dicen que en realidad, se tomó esta labor como un juego, no siendo plenamente consciente de que el mundo ya no era el que había conocido antes del fatal año de 1914. La guerra lo había cambiado todo.

La hipótesis de la trampa alemana

Una tesis muy seguida se basa en que los alemanes, al decidir que este personaje les resultaba molesto, prepararon la muerte a manos del propio enemigo, tendiendo la trampa al contraespionaje francés para que asociaran a Mata Hari como un agente alemán. La jugada era perfecta. Al enviar los alemanes un mensaje comprometedor y cifrado con una clave, de la que tenían constancia que sus enemigos ya disponían del método de descifrado, pero sabiendo que estos desconocían el sobreaviso alemán sobre este hecho, provocarían, como así sucedió, que las autoridades de París creyeran sin reparos en la veracidad de toda la información interceptada, por pensar que los alemanes la habían enviado confiados, cuando en realidad, lo habían realizado intencionadamente.

Hay que mencionar el nuevo escenario de guerra de inteligencia que suscitó este conflicto mundial. Numerosos mensajes eran enviados para confundir sobre las verdaderas intenciones del enemigo y movimiento de tropas. La lucha por conseguir claves y estar al tanto del cambio de éstas, provocó también auténticos quebraderos de cabeza. Este envenenado radio-telegrama fue captado en la capital francesa por la antena de radio dispuesta en la Torre Eiffel y sirvió como principal prueba de la culpabilidad de Mata Hari.

El mensaje hablaba de un agente alemán, el H21, que iría a París y que extraería cierta cantidad de dinero de un banco. Las fechas y el acto, aunque el dinero nunca le fue desembolsado y formaba parte del pago de honorarios por sus servicios a Francia, coincidieron en la persona de Mata Hari que volvía de la capital de España. El contenido del mensaje coincidía con los hechos, pero la incriminación de que ciertamente fuese un agente alemán, no.

Chivo expiatorio

Mata Hari que, bajo condiciones penosas, había sido encarcelada durante meses antes de su fusilamiento, tuvo ciertas contradicciones en los diferentes interrogatorios a los que fue sometida (era una persona acostumbrada a inventar su propia vida).

Según sus estudiosos, sirvió de chivo expiatorio ante la opinión pública por los fracasos de Francia en el frente de guerra, con una mezcla de rencor moral subliminal ante su vida fácil y licenciosa.

Es sabido que cuando fue apresada, requirió el que le concedieran tiempo para asearse y que llegó a mostrarse desnuda ante los ojos de sus captores, con la excusa de ofrecerles bombones en un casco prusiano que un general alemán le había regalado años atrás. Este atrevimiento y muestra de contactos con amantes enemigos, en plena época de guerra, muestran a Mata Hari con la actitud propia del mito en vida que representaba, y con la seguridad de que sus contactos en la altas esferas la convertían en intocable. Todavía no era consciente del principio del fin y del comienzo de la negación por todos. Estos hechos, entre otros, constan en el acta del juicio que no fue revelado hasta bien entrada la década de los 50 del siglo pasado.

La acusación de haber sido la causante de la muerte de miles de vidas y ajusticiada en virtud de ello, puede ser tomada como una acción de marketing político propia de tiempos difíciles, en un momento donde era habitual que se ejecutaran a cientos de jóvenes franceses en el frente, por cuestiones como traición y sobre todo, deserción. La batallas con cifras de medio millón de muertos eran habituales, donde quien alcanzaba la victoria, había tenido un porcentaje sólo algo menor. Aquellos conflictos que elevaron a su máxima expresión la categoría de carnicería humana, y que inundaban las trincheras con restos de cuerpos humanos tras la sucesiva enésima explosión, necesitaban de soluciones expeditivas ante cualquier atisbo de culpabilidad.

Uno de sus biógrafos incide en que su endiosamiento, conocedora del mito vivo que representaba en su tiempo, y la limitada repercusión dramática y directa de la guerra en la capital parisina, creó una actitud psicológica tan poco consciente, como para no haberse dado cuenta de las consecuencias de prestarse a la lluvia de intereses que esta clase de juegos peligrosos conllevan. Siempre habría una mano amiga entre sus amantes, muchos de ellos altos cargos políticos, que la ayudaría.

Herencia

Mata Hari es hoy por hoy, un leyenda que curiosamente representa el paradigma del espionaje cuando en realidad es su antítesis. Fue parodiada hasta la saciedad después de su muerte como efecto de la misma propaganda que su fusilamiento conllevaba. Muchos de los rasgos de la imagen general que la sociedad actual tiene de este personaje, surgen en esos momentos. Fue amada por muchos y en los momentos fatales, repudiada y negada por todos.

Hoy por hoy sigue siendo un personaje descrito con pinceladas de leyenda. A pesar de la distancia en el tiempo, pocos son los acercamientos a su persona que dibujan claramente un ser humano, preso de su destino, que intentó olvidar sus propios fantasmas y tragedias personales con un personaje ficticio que en javanés significa: “Ojo del Amanecer”. Un personaje que optó por la huida hacia adelante de la Dolce Vita, al igual que el decepcionado personaje de Mastroianni, en un intento de ocultarse a sí misma la evidencia del abismo de quien ha asistido al espectáculo de la miseria humana. Mata Hari murió a los 41 años.

Enlace wikipedia:

Mata Hari 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: