Charles Berbiguier de Terre-Neuve du Thym, (1765 – 1851) dedica las mil cuatrocientas páginas de su biografía: “Les farfadets ou Tous les démons ne sont pas de l’autre monde” a describir estos demonios invisibles que le atormentaban y que él hacía responsables de todas sus desgracias: si se caía, o se golpeaba por accidente o si discutía con alguien, ¡eran los malditos Farfadets haciendo de las suyas!
Su historia me recuerda mucho a la del escultor Franz Xaver Messerschmidt de la que hablé en su día, quien también se sentía acosado por unos espíritus invisibles que le torturaban. Messerschmidt combatía a estos entes pellizcándose ciertas partes del cuerpo y no crean que Berbiguier era menos sufrido. Había ideado varios sistemas para acabar con los diablillos, uno de ellos era pinchar con alfileres el corazón de un buey, pero a veces se pinchaba él mismo intentando cazar a los espíritus en el aire. Otro de sus métodos era la de atraparlos encerrándolos en una botella, sí, como el genio de la lámpara de Aladino.
Muchas páginas y muchos años dedicados a perseguir demonios. Pobre Berbiguier, muchos han creído que era un loco, un enfermo o un visionario.
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